Sporting Cristal: Martín Hidalgo, el primer ‘metrosexual’ del fútbol …

“Cuñado, no tengo mucho tiempo. En media hora me espera una reunión”, fue lo primero que dijo. La entrevista estaba pactada, pero quedaban pocas horas para la Navidad y la gente volaba. Por eso lo reté con mil preguntas y hablamos de todo. De fútbol y de todo. ¿El resultado? Historias que no se olvidan así nomás. “Nunca había contado esto”, repitió un par de veces.

Martín Hidalgo tiene un palmarés para envidiar: ganó el Mundial de Clubes y fue subcampeón de la Libertadores, solo como entrada. El champán acompaña el plato de fondo, destacando una carrera llena de nostalgia y alegría. El ex seleccionado, además, reconoció que se hizo ‘metrosexual’ en España… y fue el primero acá.

¿Futbolista desde cuándo? ¿O desde siempre?
Creo que desde que estaba en la barriga de mi mamá. Mi primer regalo fue una pelota y mis papás se empezaban a preocupar porque pateaba más con la izquierda. Es que soy el único zurdo de la familia.

Y también ‘chalaco’, ¿no?
Claro, yo crecí en el mismo barrio con el ‘Chino’ Huamán, ‘Cuto’ Guadalupe y ‘Chilavegas’. Formamos un equipo, que era de la Pilsen, y la ‘rompimos’ en una Copa de la Amistad.

¿Y cómo acabas en Cristal y no en Sport Boys?
Mira, yo estaba a punto de irme a Cantolao a los 10 años. Pero un amigo de mi papá le dice que mejor me lleve a Cristal, que ahí la iba hacer. Entonces fui a La Florida, me probé y me quedé hasta debutar. Es más, hasta me pagaron los estudios.

¿Siempre de lateral?
No, porque yo comienzo de delantero, casi como extremo izquierdo. De ahí me prestan a Defensor Lima y juego de ‘10’. Luego voy a la selección Sub 20 como volante y, por una emergencia, acabo de lateral.

Pero siempre ibas para adelante, te gustaba atacar…
Claro, y yo se lo dije a quien me puso como lateral, que fue Freddy Ternero. En un Preolímpico se lesionó el titular y me pidió jugar ahí. “Yo lo hago ‘profe’, pero no marco”, le dije. Al final acabé siendo la revelación de ese torneo.

Y vuelves para asentarte en el que fue, para muchos, el mejor Cristal de la historia…
Tuve la suerte de agarrar casi dos generaciones. Primero con la ‘Pepa’ Baldessari, Franco Navarro y el ‘Viejo’ Balerio, quien me aconsejaba un montón. Recuerdo que una vez casi me ahorca…

¿Llegaron a las manos?
No, era un partido en casa y estaba jugando mal. Entonces, al medio tiempo, se me acerca y me pone contra la pared. “Si no te ‘desahuevas’, te la vas a ver conmigo. Hay plata de por medio y con el dinero con el que come mi esposa y mis hijas no te vas a meter”, me dijo.

¿Jugaste asustado?
Yo decía: “Este ‘Viejo’ por qué se las agarra conmigo”, pero luego entendí que me lo decía por mi bien, para que crezca. Me chocó mucho su muerte, lo sufrí un montón.

¿Palpitabas lo que venía en la Libertadores del 97?
Sí, porque eramos un equipazo. Aunque tengo una espina muy clavada, ya que no jugué ninguna de las finales. Volviendo de la Copa América, arreglé con Las Palmas y los españoles me pidieron que vaya a hacer la pretemporada de inmediato.

¿Te arrepientes? ¿O no lo pudiste evitar?
No me arrepiento. Al contrario, estaba agradecido por tener solo 20 años y poder emigrar. Me fui en mi mejor momento. Es más, tuve otra oferta importante. Me quiso la Juventus de Italia, pero puso menos plata que Las Palmas y por eso no se dio.

Martín Hidalgo

¿La ‘Juve’ de Zidane?, ¿la que ganó la Champions?
Así es. ¿Loco, no? Pero al final puse todo en una balanza. Dije “pucha, pero en Italia voy a tener problemas con el idioma, mejor me voy a España”. Estaba soltero y tomé esa decisión.

¿Y disfrutaste tu primera experiencia afuera?
Sí, y mucho. Los dos primeros años, espectaculares. El tercero me relajé, tengo que reconocerlo. Pero aprendí un montón, incluso hasta cómo vestirme y todo sobre la moda europea.

Un par de amigos tuyos me contaron que eres súper ‘metrosexual’. ¿Tanto así?
Sí, lo reconozco, me gusta estar arreglado. Es que cuando llegué a España, a la presentación fui en buzo y todos estaban con terno y elegantes. “¿Y yo? No sé nada de esto”, dije. Entonces un amigo me presentó un modista, quien me enseñó a vestirme para cada ocasión.

Y cuando regresas acá, ¿te molestaban mucho?
Sí, pero yo solo me reía. Es más, incluso algunos aprendieron de mí (risas).

De ahí te vas a Argentina, luego Rusia y después a Paraguay. Un trotamundos…

Sí, pero fui muy feliz en todos lados. Tuve picos de rendimiento en Vélez y con Libertad la pasé increíble. Recuerdo que llegamos a las semifinales de la Libertadores y nos elimina el Inter, que después sería mi equipo.

Y en Brasil consigues el título mundial, que es algo que te llevarás por siempre…
Fue algo increíble, pero también me pasó algo doloroso. Tengo tres espinas en mi vida: no haber jugado la final de la Copa Libertadores con Cristal, la final del Mundial de Clubes con Inter y tampoco haber llegado al Mundial con la selección.

Martín Hidalgo

Pero estabas calentando para esa final con el Barza…
Claro, en las ‘semis’ es que me lesiono. Sufrí un desgarro de 45 milímetros. Cuñado, faltaban cinco días para la final ante el Barcelona y me pasaba día y noche en la clínica. La lesión bajó 20 milímetros y me puse a calentar, pero no pude jugar.

¿Se te vino todo abajo?
Felizmente teníamos un motivador. Se me acercó y me dijo: “Martín, yo sé que esto para ti es duro. Ellos son brasileños, están acostumbrados a jugar finales. Tú eres peruano y sé que te mueres por jugar, pero vamos a ser campeones y tú también vas a ser campeón”. Y fue así.

¿Y de tocar la gloria ahí, como pasas al archirrival?
Fue algo no planeado. Estaba cedido de Libertad, y el Inter no podía seguir pagando el préstamo. Regreso a Paraguay y, a los pocos días, me citan a la oficina del presidente y estaba ahí el director deportivo del Gremio. Me dijeron que habían pagado el pase y me iba con ellos.

¿Y qué pasó cuando volviste a Porto Alegre?
¡Para qué volví! En el aeropuerto, por un lado había hinchas de Gremio saludándome y, por el otro, los del Inter gritándome “traidor”. Me siguieron hasta mi departamento y desde afuera me lanzaban cosas. Tuve que andar con seguridad privada tres meses.

Fuiste como Figo, que se pasó del Barza al Madrid…
En toda la historia, fui el tercer jugador que pasaba del Inter a Gremio. Cuando jugamos el clásico, escupían al bus y me tiraban huevos. Me gané un broncón. En la conferencia de prensa pedí disculpas y dije que nunca fue mi intención causar esto, pero fue peor.


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Por Gabriel Casimiro
gcasimiro@depor.pe

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